Diablada

Danza de origen colonial, tuvo sus inicios en el pueblo de Juli con las representaciones teatrales de los Jesuitas. Barboza Ideaquez puntualiza, que la diablada "es la expresión del hombre del altiplano aymará", es la danza de los mineros, representando al explotador del minero haciendo ofrendas y sacrificios a las montañas, a esos espíritus maléficos, para tener el poder del oro y al mismo tiempo pidiendo perdón a los apus y a la virgen Candelaria de Puno. La diablada se bailaba originalmente al compás de la alegre zampoñada. Actualmente se baila al compás de un grupo de banda conformada por trompetas, clarines, bajos, saxos, etc. Como podemos ver la fontuosidad de su vestuario utilizado por los diferentes personajes; como el Diablo principal, quien representa la imagen mítica del diablo con enormes cuernos y su rostro poblado de batracios y serpientes, todo pintado en colores luminosos, también se observan china diablas, cholas, osos y gorilas. Acompañan a esta danza las figuras de animales deslumbrando, en todas estas vestimentas, el brillo de piedras, como cuando los pobladores mestizos ricos se juntaban con los jesuitas o dominicos alardeando sus riquezas para construir un templo en honor a sus santos.

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